Las semanas posteriores a Navidad suelen traer una mezcla de sensaciones que, aunque a veces desconciertan, son completamente normales. Mar Extremera, directora de nuestro Centro de Psicología, nos enumera las más frecuentes:
Bajón emocional
Tras semanas de luces, reuniones, expectativas y cierto “ritmo especial”, el cuerpo y la mente pasan a un escenario mucho más silencioso. Esa caída de estímulos puede generar sensación de vacío, falta de motivación, tristeza suave o nostalgia.
Estrés por la vuelta a la rutina
El regreso al trabajo, los gastos acumulados y la presión por “empezar bien el año” pueden activar ansiedad o sensación de sobrecarga.
Fatiga acumulada
Aunque las fiestas se asocian a descanso, en realidad suelen implicar cambios de horario, exceso de compromisos, demandas familiares, poco espacio personal… El cuerpo lo nota cuando todo termina.
Nostalgia y contraste
La Navidad despierta recuerdos, expectativas y comparaciones con otros años. Cuando pasa, es habitual sentir un contraste entre lo vivido y lo que esperábamos vivir.
¿Por qué se siente como una “cuesta”?
Porque enero combina varios factores a la vez y es como si el cuerpo y la mente necesitaran reajustarse después de un periodo intenso.
| Factor | Efecto emocional |
| Fin de la ilusión navideña | Sensación de bajada o vacío |
| Retorno a obligaciones | Estrés, cansancio mental |
| Presión por “nuevos comienzos” | Autoexigencia, frustración |
| Ajuste económico | Preocupación o tensión |
¿Qué ayuda a transitar esta etapa?
La psicóloga Mar Extremera nos da enfoques generales que suelen ser útiles:
- Bajar expectativas: enero no tiene por qué ser un mes perfecto.
- Recuperar rutinas suaves: sueño, alimentación, movimiento.
- Darse permiso para sentir: el bajón no es un fallo, es un ajuste.
- Buscar pequeños anclajes agradables: planes tranquilos, autocuidado real.
- Recordar que es temporal: la energía suele estabilizarse en unas semanas.
