15 de octubre Día del duelo perinatal

 

El duelo perinatal es el dolor que sienten los padres cuando pierden a su bebé durante el embarazo, en el parto o a los pocos días de nacer. Es una pérdida profunda porque no solo se llora la ausencia del bebé, sino también la ilusión, los planes y el sueño de formar una familia con él. Aunque el bebé no haya tenido tiempo de vivir fuera del vientre, el vínculo afectivo que los padres crearon ya era real y muy fuerte.

Uno de los sentimientos más comunes y difíciles en este proceso es la culpa, especialmente en las madres, nos comenta Mar Extremera, psicóloga del Centro. Es habitual que piensen que hicieron algo mal o que su cuerpo falló al no poder proteger a su hijo. La psicología ayuda a entender que estas ideas son reacciones naturales ante una situación trágica e incomprensible, trabajando para que los padres comprendan que no fueron responsables de la pérdida y puedan liberarse de esa carga tan pesada.

Lamentablemente, este tipo de dolor suele ser incomprendido por la sociedad. Con frecuencia, los familiares o amigos, sin mala intención, dicen frases como «son jóvenes, ya tendrán otro» o «es mejor que haya pasado ahora». La psicología advierte que estos comentarios invisibilizan el sufrimiento de los padres y los hace sentirse solos. Para poder sanar, es fundamental que el entorno valide su dolor y les permita hablar libremente de su bebé sin prisa por «pasar página».

Cada persona vive la tristeza de una manera diferente y esto puede generar tensiones en la pareja. Mientras una parte necesita llorar y hablar del tema todo el tiempo, la otra quizás prefiera mantenerse ocupada para no pensar y evitar el dolor. La psicología ayuda a la pareja a comprender estas diferencias para que no interpreten el silencio del otro como falta de amor hacia el bebé, enseñándoles a apoyarse mutuamente desde el respeto a sus tiempos particulares.

Por último, el objetivo del acompañamiento psicológico no es olvidar al bebé ni borrar lo sucedido, sino aprender a convivir con el recuerdo de una forma que no cause un dolor destructivo. A través de pequeños gestos o ritos de despedida, se le da al bebé un lugar especial e imborrable en la historia de la familia. Esto permite que los padres vuelvan a encontrar tranquilidad y, con el tiempo, puedan mirar hacia el futuro con esperanza.

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